miércoles, 28 de marzo de 2018

¿Cómo son las horas previas a las Misas del Nazareno de San Pablo?


 El Martes Santo en la tarde, se produce la entronización del Nazareno, permitiendo conocer la fe sencilla y profunda de muchos venezolanos

Ramón Antonio Pérez // @GuardianCatolic
Caracas, 28 de marzo de 2018

Como todos los años, el miércoles Santo es el día señalado para las misas en honor al Nazareno de San Pablo en la Basílica de Santa Teresa de Caracas, tal vez, la imagen religiosa más venerada de Venezuela. El oficio principal es a las 12 del mediodía y forma parte de un total de 16 ceremonias; pero 24 horas antes, el martes Santo en la tarde, es toda una experiencia que bien vale la pena vivir en ese templo caraqueño. 

Aunque cada año tiene su propia realidad, lo primero es solventar el ingreso a través de un imponente cordón policial colocado en las afueras del templo, para poder estar allí con muy pocas personas. Desde muy temprano funcionarios de la Policía Nacional y Guardia Nacional Bolivariana, custodian y controlan los alrededores de la basílica.

La entrada no es para “todo el mundo”, dice un funcionario policial. “¡Muy bien, señor agente!”, se le responde, sin mucha preocupación y sin entrar en inútiles llorantinas... El solo hecho de mostrarle un carnet a veces no convence al gendarme policial, cuya tarea es mantener el orden y ser muy selectivo con quienes ingresan al céntrico templo.

Únicamente les permiten ingresar a los integrantes de los movimientos de apostolado que hacen vida en esta parroquia, unas doscientas personas debidamente identificadas con un carnet que dice: “Semana Santa 201…”, lleva su nombre y los sellos húmedos tanto de la basílica como de la Arquidiócesis de Caracas. Ello sí garantiza la entrada.

Dentro de la Basílica Santa Teresa, en la tarde del martes Santo, todo es un ir y venir de cofrades, legionarios, personal de seguridad, sacerdotes que visitaban el templo, periodistas y reporteros gráficos que buscan detalles. 


“Estamos culminando el ornato del Nazareno para el traslado al altar principal donde será entronizado”, comentó Ivianne Delgado, una de las cofrades más activas durante la Semana Santa de Caracas.

Entretanto, un joven recibe las flores de Orquídeas que seguían llegando al templo, a pesar de que ya había coordinado la “colocación de unas diez mil”. Explicó con cierta ironía que “muchas de estas flores adicionales se entregan a otras parroquias que las vienen a buscar para completar los ornatos de sus Nazarenos menos afamados”.

Algunos parroquianos tenían dos días sin dormir, como el personal de seguridad y los cargadores que habían trabajado en los ornatos, en la limpieza y el orden. Un grupo estaba sentado en los bancos y otro recostado en las paredes, descansando; algunos hacían planes para el miércoles, comentando cómo soportar el cansancio y el sueño.

Desde el portón de la fe


“Ahora estamos algo descansados, pero todo este corri y corri es porque a las 4 de la tarde, el Nazareno de San Pablo se moverá desde su área donde fue adornada, y en procesión muy íntima será entronizada en el altar, para las misas del Miércoles Santo”, seguía comentado Ivianne. “Dios nos compensará el esfuerzo”, aseguró.

La pregunta que viene a la mente es: ¿por qué la gente siente tanta devoción por esta imagen? La respuesta no es fácil, si no estás presente allí, frente al portón que separa los devotos de la imagen de origen sevillano. Una extraña dualidad de cercanía y distancia. Los portones frontales y laterales permanecen cerrados, y tan solo por los barrotes del más cercano al nicho del Nazareno, se pueden colocar estos feligreses para rezar, entregar flores y esperar que “el Nazareno sea movido hacia su entronización para verlo”. 

Hasta allí llegan hombres y mujeres; niños, jóvenes y ancianos con necesidades de sanación o en actitud de agradecimiento. Una mujer pedía por la salud de una niña ciega; otros querían dar gracias por la recuperación de un familiar enfermo, o por haber conseguido empleo, o alcanzar la tan anhelada graduación…, en fin.

La entronización…


Efectivamente, a las cuatro de la tarde, alrededor de unos treinta cargadores del Nazareno se apretujaron en torno a la mesa de andas para levantar la imagen y sacarla de su espacio donde estuvo alrededor de 364 días. Una leve inclinación de su rostro hacia los afortunados del portón más cercano a su nicho, les llevó la tranquilidad a los devotos que allí se encontraban deseosos de verlo pasar rumbo al altar.  

Al fondo sonaba la famosa canción Popule meus, compuesta en 1801 por el maestro venezolano José Ángel Lamas. Se escuchaba de tal manera que algunos se atrevieron a balbucear las palabras que la componen, a pesar del poco dominio del ya viejo y menos usado idioma latín. Esta pieza musical identifica al Nazareno de San Pablo.

Previo a la movilización interna, el párroco de la Basílica Santa Teresa, monseñor Henry William Padilla, hace una oración e invitación al Nazareno de San Pablo para que salga a recorrer nuevamente las calles de Caracas como todos los años, y llevarles muchas bendiciones a los ciudadanos, especialmente en estos tiempos de necesidad.

Los rostros de los cofrades se llenaban de lágrimas al paso de la imagen, sintiendo que el esfuerzo en custodiarla a lo largo del año valía la pena, para que su hermanos caraqueños y de otras regiones del país, la vinieran a venerar este miércoles Santo.

Faltando 10 minutos para las cinco de la tarde, el Himno Nacional de Venezuela: “Gloria la Bravo Pueblo”, sonó con todo su esplendor. Significaba que la imagen quedaba entronizada en el centro del Altar para las celebraciones eucarísticas del miércoles Santo, las cuales se harán cada hora, comenzando el martes a la medianoche.

El miércoles Santo, a las 12 del mediodía como ya se indicó arriba, será la misa principal. Pero esta vez no será presidida por el arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa Savino, debido a que continúa en reposo médico; en su lugar fue anunciado el obispo auxiliar más antiguo de Caracas, monseñor Jesús González de Zárate.

Ese mismo día, a partir de las cinco de la tarde, la imagen tomará de nuevo las calles de Caracas, para recordar aquella memorable fecha de 1597, cuando en la Esquina de Miracielos, los racimos de un limonero se enredaron con la corona del Nazareno. 

Cuenta la tradición que los vecinos y feligreses vieron en ello un “milagro del Cielo”, y procedieron a tomar los frutos desprendidos y con ellos hicieron “pócimas” y “guarapos” para sanar de la peste negra que los azotaba en aquella época.

Todos estos recuerdos y experiencias se vivieron allí, internamente, entre hermanos de la fe; entre amigos y compañeros; entre cofrades y fieles devotos. Bien vale la pena, pasar la tarde, del martes Santo, en privado, junto a la imagen del Nazareno de San Pablo. Un privilegio de pocos que vale para el gozo multitudinario del miércoles Santo.



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