martes, 18 de junio de 2013

La Parafernalia Religiosa de Maduro ante el Papa Francisco


¡Más santurrona y beata, imposible! Su figura ataviada con un velo negro y aquel beso estampado en la mano del Jerarca de la Iglesia, pidiéndole bendijera unos crucifijos y otras joyas que llevaba encima, no tienen precio. 

Ciudad del Vaticano, 18 junio 2013.- El Papa Francisco recibió este 17 junio en el Palacio Apostólico Vaticano al presidente ilegítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, según las agencias informativas, en una atmósfera de cordialidad, y donde se ha tratado la situación del país tras la reciente desaparición física del tirano Hugo Chávez.

Nicolás Maduro ha tratado de edulcorar la visita al Santo Padre regalándole una imagen de la patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto; pero también le entregó una estatuilla del doctor José Gregorio Hernández,  junto a un grupo de libros contentivos de firmas de solicitud para su beatificación, y otros presentes.

Con estos gestos Maduro intentaba revestirse de trapos de piedad para pretender ocultar lo que el Papa Francisco hace tiempo conoce acerca de la realidad política, social, económica y religiosa de Venezuela.
La diplomacia del Vaticano, de experiencia milenaria con el trato a estos aspirantes a mandatarios eternos, le brindó a Maduro y su comitiva, la oportunidad para que desplegaran toda la parafernalia posible en sus veinte minutos de piedad católica.

Dicen las agencias que en el transcurso de las conversaciones además de la situación política y social del País, se habló de diversas problemáticas actuales como la pobreza y la lucha contra la criminalidad y el narcotráfico.

Pero un detalle antecede todo esto que la rimbombancia del sistema bolivariano de información venderá en cadenas como si fuera la invención de la penicilina e los próximos días: la realidad de Venezuela cada año es analizada por la asamblea general del episcopado venezolano, o por la presidencia y las distintas comisiones de ésta, y en no pocas ocasiones, sus conclusiones y llamados de atención han generado malestar en el gobierno que no oculta sus deseo de una iglesia sumisa y que valide sus atrocidades.

Los mismos análisis y conclusiones, por supuesto, son elevados a las instancias respectivas de la Iglesia en el Vaticano. De modo que falta de información no debe existir en esos lares acerca de las trampas electorales del CNE, violaciones a los derechos humanos, práctica de corrupción, existencia de presos políticos, sin dejar de incluir elementos novedosos como la carencia de alimentos o el gobierno ilegitimo de Maduro, trasformado ahora en  el “ilustre visitante” de las esferas papales.

También se ha hecho referencia a la presencia histórica de la Iglesia Católica en Venezuela y a su decisiva aportación en los ámbitos de la caridad, de la asistencia sanitaria y de la educación. Algo muy importante: “se ha concordado en la necesidad de un diálogo sincero y constante entre la Conferencia Episcopal y el Estado de cara al desarrollo de toda la Nación”. Y por último, “se ha pasado revista a la situación regional y, especialmente, al proceso de paz en Colombia”.

Pero otro aspecto que llamó la atención fue la comitiva que acompañó a Maduro. El hecho de que algunos militares asistieran a ese “turismo religioso” deja pensar si éstos fueron para únicamente “besar la mano del Papa”, o dejar de buenas maneras un mensaje al canciller Elías Jaua y al embajador ante la Santa Sede, Lucas Rincón. Algo así como: “¡Hey señores, aquí estamos nosotros! Somos testigos de este palabrerío y las promesas ante el Sumo Pontífice”.

Otros detalles que no se deben dejar pasar son los dos visitantes sui géneris de esta comitiva: Cilia Flores y el padre Numa Molina.

La primera, sin saber en calidad de que asistió ante el Santo Padre. Fue vergonzoso ver que siendo la “primera combatiente”, eufemismo sustitutivo de la Primera Dama, no se colocara al lado de su marido sino que se perdiera en una interminable fila de neo católicos revolucionarios. Que al menos hubiese ingresado al palacio papal tomada de la mano de su pareja, un buen mensaje dejaba.

¡Más santurrona y beata, imposible! Su figura ataviada con un velo negro y aquel beso estampado en la mano del Jerarca de la Iglesia, pidiéndole bendijera unos crucifijos y otras joyas que llevaba encima, no tienen precio.


En relación al sacerdote jesuita de la Iglesia San Francisco, realmente detesta para un creyente católico que “un pastor” se ponga al servicio de un régimen que ha intentado socavar a sus “propios hermanos”, y peor, pretenda adjudicar al mensaje de Jesucristo connotaciones totalmente distintas. También se desconoce si el padre Molina asistió con la venia de la Conferencia Episcopal Venezolana, bajo la condición de miembro y/o empleado del gabinete mandante, o del propio partido de gobierno. 

Ramón Antonio Pérez

VideoBar

Este contenido todavía no está preparado para las conexiones cifradas.